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Pregón Dña. Josefa Peña Morales

XXVIII Pregón
 
Pronunciado por Dña. Pepi Peña Morales
Salón de Actos Casa de la Juventud
Alhaurín de la Torre  2 de Marzo de 2013
 
En estos días que preludian la semana santa, el espíritu se recoge, las pasiones se amansan y hasta parece que la naturaleza misma se llena de poesía, y de una paz y amable tristeza, porque es la fiesta del amor, de ese amor infinito por el que se sacrifico Jesucristo, para redimirnos.
Vaya por delante mi gran amor por nuestra semana santa, por su misterio, su pasión, su ambiente de música, su poesía.
 
Hoy vengo a ti nazareno,
morada hasta el corazón,
De tanto lo que te quiero
Con angustia en mi garganta
Y apenas me queda voz
Para decir el pregón
De nuestra semana santa
Dame la fuerza, señor.
 
Excelentísimo señor Alcalde.
Distinguidas autoridades.
Señor Cura Párroco.
Hermana Mayor de la Real Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno del Paso y María Santísima de los Dolores.
Hermano Mayor del Santísimo Cristo de la Vera Cruz y Nuestra Señora de la Soledad.
Hermano mayor de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Paz y el Amor y María Santísima de la Esperanza.
Hermandades que hoy nos visitan.
Hermanos cofrades, amigos y familiares.
Queridos hermanos todos.
 
Buenas noches  y muchas gracias por acompañarnos en este acto tan importante para nosotros, como es la noche del pregón. Quiero agradecer a nuestra hermana mayor por ofrecerme esta gran oportunidad de representar a mi familia y hermanos cofrades y dar testimonio del sentimiento de ser morao, que no es nada más ni nada menos que la devoción y fe que sentimos hacia Nuestro padre Jesús y la Virgen de los Dolores.
 
Quiero daros las gracias hermanos cofrades por el honor que me hacéis al unir mi nombre al de tantos pregoneros de tan alto rango, como los que me han precedido. Gracias a todos por estar ahí dándome el calor que tanto necesito, sí, porque esta noche, como Santa Teresa, diría, aquello de, "vivo sin vivir en mi". Así me siento.
 
Por todo esto, desde la sencillez y desde lo más profundo de mi corazón, os voy a manifestar y pregonar algunas de mis vivencias que desde niña he tenido. Vivencias llenas de fe que gracias a mi familia y a mi entorno y al pueblo en definitiva, han hecho de mi una persona creyente, que no pierde la esperanza de un mundo mejor y que procura amar y respetar cada día a todos sus semejantes.
 
ORACIÓN A NUESTRO PADRE JESÚS
¡Dulcísimo Jesús Nazareno, Dios y Redentor mío, que llevando sobre tus hombros la cruz, caminas al Calvario para ser en ella clavado! Yo pobre pecador soy la causa de tu Pasión dolorosísima. Te alabo y te doy gracias, porque como manso cordero recibiste sobre tus hombros el madero de tu suplicio, para expiar en él mis pecados y los del mundo entero. Perdóname, ¡oh buen Jesús! Reconozco mis culpas y tu bondad inmensa al borrarlas con tu preciosa Sangre. Te amo sobre todas las cosas y prometo serte fiel hasta la muerte. Sostenme, oh buen Jesús, con tu gracia y condúceme por el camino de tus mandamientos a tu reino celestial. Así sea.
 
 
RECUERDOS
 
Desde pequeña he vivido todo lo que acontece en el pueblo como algo muy cercano, pues era en el bar de mis padres, el Hogar para todos, dónde se hacían las reuniones de los diferentes grupos para hacer o iniciar alguna actividad política, cultural, social o de negocios? Me viene a la memoria cosas importantes que nacieron entre las paredes del hogar. Y entre otras muchas, miren por donde, el resurgir de nuestra Semana Santa.
 
Nuestra historia está llena de momentos brillantes pero también de etapas difíciles. Los denominados "años de penitencia" dieron paso a una época de esplendor que recuerdo con mucho cariño y que viví con pasión desde el negocio de mis padres.   Una etapa que comienza a principios de los años 70. Allí se hacían,  entre otras, las reuniones de verdes y moraos. Recuerdo una de esa reuniones de nuestra hermandad y  a algunas de las personas que participaron, casi todas ya desaparecidas: Francisco de los Santos, Juan Santos, Pedro Pérez, Juan Benítez, Cristóbal Ortega, Manuel López, Francisco Farfán, Pedro Tomé?.. y mi padre , José Peña.. Ellos fueron, junto con otros muchos hermanos, algunos de los encargados del nuevo comienzo de las salidas procesionales tal y como ahora las conocemos.          
 
Una tarde, tras una de las habituales reuniones, decidieron ir a ver los tronos que se guardaban en los bajos del ayuntamiento. Mi hermano Juan José, que siempre andaba con su padrino Paco Santos, y yo, quisimos acompañarlos. Cuál fue mi sorpresa cuando vi que teníamos tronos  iguales a los de Málaga. Eran dorados y por lo visto, como nos explicó mi padre, pertenecían a otra época de la cofradía. Esos tronos estaban guardados porque estábamos de penitencia. Fueron años en los que Nuestro Padre Jesús y la Virgen de los Dolores salían en procesión en unas andas pequeñas rodeados de muchos fieles con velas encendidas, acompañándolos con rezos y cantos.  
 
Entre estas personas recuerdo con cariño a mi abuelo Juan Morales, al lado de los hombres de trono de Nuestro padre Jesús, ya que por su edad no lo podía llevar como siempre lo hizo. "Tengo que acompañarlo mientras pueda", decía mi abuelo, y así lo hizo siempre.
 
De esa época tengo muy buenos recuerdos. Las reuniones parecían fiestas, todos estábamos muy ilusionados. Se hacían recolectas, comenzaron las rifas, la juventud comenzó a apuntarse a las cofradías y estaban los piques sanos para animar el día a día, pero es verdad que siempre desde el respeto  y el cariño de ser amigos y del pueblo.
 
MI ABUELO
 
Ya les hablaba anteriormente de una persona muy especial para mi. Mi abuelo Juan Morales era morao, igual que su padre y su abuelo, devoto de Nuestro Padre Jesús, gran saetero y mejor persona. En nuestras reuniones familiares, que eran bastante frecuentes, el cante estaba a la orden del día y en vísperas de cuaresma empezábamos con la saeta. Mi abuelo decía que en Semana Santa era la mejor forma de rezar.
 
"Tenemos que ensayar", decía mi tita Santi;  "padre, empieza tú". No se hacía de rogar; se concentraba, cerraba los ojos y se ponía a cantar. Cuando terminaba, al abrirlos, tenía un brillo especial, tenía el brillo de la devoción.
 
"Ahora tú madre", que era mi abuela, que tenía un estilo muy flamenco, al igual que mi tío Antonio y mi tía Ana. Seguía mi madre, Inés y mi tía Juana, que son las más tímidas; luego mi tía María, que es todo sentimiento y espontaneidad. Mi tía Santi, seguidora fiel del estilo de mi abuelo, y la artista de la familia, mi tía Mari Carmen, que emana pasión y sabiduría. Todas cantan saeta y lo hacen bien, más que bien, diría yo; cada una con su estilo. Ellas nos lo enseñaron a nosotros y nosotros a nuestros hijos, que por cierto no lo hacen nada mal y eso me llena de orgullo.
 
Rodeada de este ambiente, ¡a quien no se le pegaba algo! Y de esta forma seguimos la tradición de rezar en cuaresma como nos enseñó mi abuelo, porque en cuaresma, se reza cantando:
 
Padre Mio Nazareno,
yo te rezo cantando
como nos enseñó mi abuelo
la noche del Jueves Santo.
 
Nadie mejor como el  poeta, maestro del flamenco y mi amigo, Antonio Fernández Díaz (Fosforito) para ayudarme a explicar con palabras los sentimientos que generan la saeta.
 
LA SAETA
 
La saeta antes de brotar de los labios del cantaor para herir el corazón de los que escuchan, ha dañado el corazón del que la canta y va teñida de su propia sangre.
Porque la saeta es como un dardo hiriente forjado por el sentimiento, y fundido en el crisol del alma andaluza.
En cuanto suena la saeta, un estremecimiento penetra en los cuerpos de los que esperan. El murmullo se apaga y un silencio piadoso se apodera del gentío.
La saeta, que va volando por las eternas noches de la pasión y muerte redentora, rompe el corazón creyente que contempla el dolor del hijo de Dios y de su Santísima Madre.
La saeta es como la voz de alerta que constantemente esta recordando la atroz infamia cometida con el hijo de Dios.
Señoras y señores como ven para cantar la pasión y muerte del hijo de Dios los andaluces nos acompañamos con nuestro propio llanto.
Gracias maestro.
 
COMPROMISO
 
Nuestra hermandad  esta comprometida en primer lugar con nuestra obligación como cristianos, también intentamos ayudar  a conservar nuestras tradiciones. Colabora con Cáritas, con la Parroquia y se ayuda a necesitados en el más absoluto anonimato. Pero también está presente en las fiestas populares de San Juan con la caseta familiar, en la romería con el chiringuito, en las procesiones del pueblo y participa en la Cruz de Mayo. Cuando llega la Navidad el Belén de la Hermandad es un referente en el municipio, al igual que nuestra "pastoral", el grupo "la güena gente", que canta  en residencias de ancianos, en el acto de Comercio justo de Coprodeli, en nuestra propia sede y allá donde se nos requiere.
 
Me gustaría  tener unas palabras de agradecimiento para un gran grupo de hermanos y hermanas que trabajan todo el año en el mantenimiento de ropas, enseres, limpieza de la parroquia y la casa hermandad.  Otros se encargan del cobro de cuotas, rifas y recolectas, y de la revista Bendición. Tengo que recordar  a los albaceas de procesión, hombres de tronos, músicos, albacea de cultos, vocalía de protocolo. A todos ellos,  a los que estuvieron y a los que están, desde aquí, nuestro más profundo agradecimiento.
 
CUARESMA
 
Cuando se acerca la cuaresma  en la peluquería de mi tía Mari Carmen se respira a Semana Santa. Así que todas las oportunidades son pocas para ir a visitarla. Abro la puerta y me encuentro a mi prima Ani rodeada de clientas, que a la vez, son amigas. Están aquí en tertulia, hablando apasionadamente de Semana Santa. Pero la principal no está. Le pregunto a mi Ani: "¿dónde está Tita?" "¿Dónde crees tu que está?", me contesta. Y de fondo la escucho cantando una saeta. Llego a la salita, veo fotos de mi tito Juan de cuando inauguró la casa de hermandad. Como ustedes saben, él fue hermano mayor durante 3 años. Un orgullo para toda mi familia, pero sobre todo para mi tía, que lo demuestra exponiendo casi todas sus fotos. Continúo escuchando la saeta de fondo. Subo la escalera y sigo viendo fotos, casi todas referentes al Jueves Santo. Al fondo de la escalera se ve un cuadro grande, el más grande de todos, y por su puesto, es de nuestro Nazareno. Cuando llego a la habitación huelo a incienso, y encuentro a mi tía con algo entre las manos: es el pelo de Nuestro Padre Jesús, que con esmero y cariño lo esta arreglando. Para ella lo más importante, es el amor que siente por nuestro padre Jesús y la Virgen santísima de los Dolores. Los que la conocemos sabemos de su total entrega a la hermandad.
           
Otro lugar donde siento la semana santa es en mi bar, mi hermano gran amante de nuestras tradiciones, hace que su negocio sea un reflejo de lo que acontece en el pueblo, y como buen cofrade cuando se acerca la semana santa, el bar se embellece con carteles de las diferentes cofradías del pueblo y de Málaga, regalados por nuestros amigos y clientes. Con olor a romero, músicas procesionales y tapas típicas, se produce los piques, que con gran cariño, sabiduría y maestría sabe provocar. En estos días, este hogar, que es la casa de todos, se convierte en un punto de encuentro de gente de nuestro pueblo y de muchos cofrades malagueños.
 
VIA CRUCIS/TRIDUO
 
Como ustedes saben el primer sábado de cuaresma es el vía crucis. Las calles del barrio adquieren un brillo especial para darle la bienvenida al Señor de Alhaurín. Los vecinos reciben a Jesús sobre sus andas, con velas encendidas en puertas y balcones. Entre rezos y recogimiento y el acompañamiento musical de un tambor, nuestros hermanos nos relatan el calvario que vivió Jesús. Os aseguro que no hay ningún escenario mejor para empezar la Cuaresma que ver a nuestro Nazareno, acompañado por sus fieles, por las calles del barrio viejo.
 
Es la antesala del Triduo, otro momento importante en el que las tres hermandades se reúnen para exaltar la palabra de Dios y prepararnos para vivir la Semana Santa con mayor devoción y fervor. Y cuando llega el Viernes de Dolores la iglesia de San Sebastián se engalana para el besamanos a la Virgen.
 
LUNES SANTO
 
El Lunes Santo por la noche tiene lugar uno de los actos con más magia de nuestra Semana Santa: el traslado de Nuestro Padre Jesús y la Virgen de los Dolores, dentro de su templo. Se apagan las luces. Se produce una conexión entre cada uno de nosotros con Dios a través de sus imágenes. Es como si un hilo invisible nos uniera con Jesús y ocurre algo especial. Pedimos, rogamos, nos confesamos, todos estamos en oración con él; unos le dedican poesías, otros canciones, otros saetas. Recuerdo un año, en pleno traslado, cuando mi tía Santi, que siempre le canta junto a mi tía Mari Carmen, no pudo hacerlo, porque se había operado de las cuerdas vocales. Al pasar Nuestro padre Jesús por delante nuestra, me dijo: "Va de lujo, quién pudiera cantarle". "¿Por qué no le cantas tú?", me dijo. Me quedé paralizada, se me hizo un nudo en la garganta y no pude, pero me dio que pensar. Luego, al pasar la Virgen, le canté con los ojos cerrados, pero con el corazón abierto y me sentí bien. Era algo que tenía que hacer y por fin lo había cumplido.
 
Llena de amor y temores
Aquí me tienes señor
Entregando el corazón
Al pueblo de mis amores.
 
   Siguen los rezos, siguen las poesías y el silencio, todos en silencio, saboreando nuestro propio recogimiento y compartiéndolo con nuestros hermanos. Cuando el Nazareno y la Virgen son entronados estalla toda la emoción contenida en un fuerte aplauso, que es otra forma de rezar que tenemos en nuestra tierra.
 
JUEVES SANTO, NUESTRO GRAN DÍA
 
Por fin llega el día más esperado del año. Ya es Jueves Santo. Nada más despertar lo primero que se me ocurre es mirar al cielo. Con olor a azahar y sintiendo la primavera, aunque el día sea bueno, siempre tengo el temor de que se pueda complicar, pero intento ser positiva y pensar que el buen tiempo nos va a acompañar. Y tras los arreglos de los tronos en la madrugada anterior el deseo es visitar la Iglesia para ver a nuestro Padre Jesús Nazareno y a su santísima madre.
 
Por la tarde a las cuatro, en la iglesia, se celebra la cena del señor, se instituye la eucaristía terminando con los santos oficios y se traslada al santísimo a los salones parroquiales para su adoración. Seguidamente nos vamos a la plaza a esperar el desfile de las bandas de música y cornetas y tambores que nos acompañarán en el cortejo procesional.  De todas las bandas, la que espero con mas emoción es la nuestra, la de los moraos, compuesta de hermanos de las tres cofradías. Para mi la que mejor suena y la más elegante. Aunque también participan mas bandas, tenemos la municipal, que es de lujo, y además tenemos las bandas que nos acompañan de otros puntos de Andalucía, que hacen grande nuestro Jueves Santo.
 
Recuerdo cuando los músicos  cenaban en mi casa. ¡Era todo un tropel! Tenían que comer en un  tiempo limitado y allí estábamos toda la familia sirviendo la comida rápidamente. Cuando terminábamos, mi prima Mari y yo nos vestíamos, unos años de mantilla y otros de Nazareno. Lo hacíamos a toda prisa y muy contentas de poder formar parte de la procesión.
 
Mi hermano, que es un cofrade de los pies a la cabeza, por cuestiones del trabajo, siempre se incorporaba a la procesión cuando ya había salido. Afortunadamente decidimos cerrar el bar el Jueves Santo y toda la familia podemos disfrutar de lleno de nuestro gran día.
 
Y desde entonces  mi hermano Juan José acompaña  a la Virgen de los Dolores, ayudando al capataz de trono y también va con  la banda de cornetas y tambores de Nuestro Padre Jesús,  que para eso es el padrino, cargo que lleva con gran honor y orgullo; en definitiva, se le ve por toda la procesión, disfrutando de lo que mas le gusta, que como el dice es la Semana Santa.
 
Ya por la tarde llevamos a casa de mi tía el picoteo típico de estos días: tortillas de habas, tortillas de bacalao, el arroz con castañas? Allí nos encontramos familia y amigos. Es nuestro punto de encuentro.
 
Son cerca de las ocho, el gentío abarrotan las calles. Todos esperan coger un buen sitio para ver salir la procesión. Hermanos y devotos visten sus mejores galas y procuramos llevar con algo morao para estar más acorde con el día.
 
Dentro de la iglesia, con olor a incienso y a cera, todos están preparados para salir a la calle. Pero antes de esto, está a punto de ocurrir algo muy especial. Un hermano de la cofradía hará el primer toque de campana, el toque de honor, un privilegio que pocos poseen ya que cada año se eligen solo a dos personas. Quisiera recordar a mi tío Martín. Él también tuvo ese honor y todos nos sentimos muy orgullosos y agradecidos.
 
Y  por fin el reloj marca las ocho. Las puertas de la iglesia se abren y comienza la procesión con la salida de la cruz guía y resto de enseres, que dan realce a la estación de penitencia de nuestros Sagrados Titulares. Se ven muchos niños vestidos de nazareno,  pero muchos, ´muchos´. ¡Ahí va la cantera! Es el futuro de nuestra hermandad y la garantía de que esto siga hacia delante.
 
Y con emoción y elegancia poco a poco van saliendo las distintas secciones. Ya en la puerta, un grupo de hermanas hacen sonar campanas anunciando la salida del Nazareno. Todo es aplauso y emoción. Por fin ya está en la calle. Se ven gentes por todos los rincones de la plaza de la iglesia. Todas las miradas van a él, lo demás ya no cuenta; los hombres de trono, con cariño y fervor, elegantemente vestidos con trajes negros y guantes blancos, lo llevan sobre sus hombros con paso firme creando un marco que emociona. Siguiéndolo con la mirada lo vemos girar pasito a paso hacia la calle Cantarrana. Al final, una difícil curva contiene la respiración de los vecinos y los hombres de trono hacen una gran maniobra para dirigirse a calle Málaga.
 
Asoma la cruz guía y me doy prisa. Intento llegar a casa de mi tía, que es uno de los sitios por donde me gusta verlos pasar. Allí está mi gente. Mi madre está pendiente de ir contando a todos los miembros de la familia que esta metida en la procesión y los cuenta a todos: a los nazarenos, músicos, hombres de tronos, mantillas, promesas, fotógrafos? ¡hasta mis primos que acompañan a sus hijos!,  porque según ella, también forman parte de la procesión.
 
Y llega el Nazareno. Parece que va caminando. Desde el balcón le cae una lluvia de pétalos sobre su túnica morada. Me viene a la memoria el momento tan especial que vivimos el año pasado. Estábamos en el balcón viendo pasar a Nuestro Padre Jesús y de pronto escuchamos desde abajo la voz rasgada de mi tía María; sabíamos que tenía fiebre y no se encontraba bien, y ella, sin avisar ni  pensarlo dos veces, comenzó a cantarle una saeta que nos llegó hasta el alma porque nos trasmitió sus sentimientos, tan difíciles de expresar con palabras. Eso hizo que más de uno, sintiéramos un pellizco y se nos llenaran los ojos de lágrimas.                                
 
Se acerca la Virgen de los dolores. ¡Oh Virgen madre dolorosa, cuanta pena y dolor refleja tu bello rostro, cuanta ternura sentimos al mirarte, Madre mía!
 
Sí, nos gusta verla rodeada de velas y flores, en su trono, protegido por ese precioso palio, que la arropa en su dolor, y realza aún más su hermosura y que ha causado la admiración del mundo cofrade malagueño. Las aclamaciones,  los aplausos, y los pétalos desde los balcones, la acompañan por todo el recorrido.
 
Subiendo la calle Álamos la procesión cobra un atractivo especial por ser una de las calles  con más encanto del recorrido. La cuesta pronunciada y el paso lento de Jesús cobra un brillo especial; al tomar la curva de Gálvez Ginachero, la Coral Santa Cecilia espera con ilusión a los Sagrados Titulares para dedicarles melódicos cantos.
 
Y entramos a la calle doctor Fleming, la calle el Chorrillo, calle morá por excelencia, la estrechez de su calle y la generosidad de sus vecinos hacen que formen parte de la procesión, pues sus puertas están abiertas de par en par, ofreciendo su casa a todos los que la necesiten.
 
Quiero tener un recuerdo a un hermano de esa calle, que nos dejo hace muy poco. Era de los hermanos fundadores, el más antiguo que nos acompañaba todos los Jueves Santo. Me refiero a nuestro querido hermano Pedro Tomé.
 
Llegamos a calle Juan Carlos I, la calle Mesón. Es aquí, con gran ceremonia y poderío, cuando comienza a saborearse la llegada del gran momento: la Bendición de Nuestro Padre Jesús.
 
Todos los participantes en la Estación de Penitencia, conforme van llegando a la plaza, se hacen de un hueco esperando la llegada de Nuestro Padre Jesús. Se aproxima el gran momento del Jueves Santo. Los hombres de trono, con gran destreza, lo giran de frente mirando a su pueblo, esperando la llegada de su Madre que se acerca sintiendo el fervor de todos sus hijos.
 
Miro a mi alrededor y sin ponernos de acuerdo nos reencontramos gran numero de hermanos y devotos año tras año. Nadie quiere perderse  ese momento. Es cuestión de minutos, y por fin llega María Santísima de los Dolores. Nuestro Padre Jesús imparte su bendición a todo el pueblo y la emoción contenida de los hombres de trono la demuestras con un  levantamiento a pulso, paseando los tronos frente a frente, cara a cara, tan cerca que casi se rozan, y con las bandas de música,  los rezos,  aplausos y  lágrimas en los ojos de muchos de nosotros. Nos sentimos orgullosos de pertenecer a esta bendita tierra
 
Y de nuevo, tras esa explosión de júbilo y recogimiento a la vez, el cortejo procesional se organiza para tomar rumbo al templo parroquial, con ilusión y tristeza contenida, porque se acaba el día grande.
             
Contentos por lo vivido y saboreando los últimos momentos, llega el encierro  y estallan las emociones contenidas con aplausos y abrazos entre hermanos.
 
Señoras y señores, hermanas y hermanos, así vivimos  nuestra Semana Santa. Con aromas de azahar, incienso, sabores, tradición, fe, devoción, acercamiento a Dios, a Nuestro Padre Jesús y la Virgen de los Dolores. Estas son mis vivencias.
 
 
Hoy me arrodillo ante ti
Con el alma dolorida
Y me siento estremecida
Nazareno de Alhaurín.
 
Muchas gracias.
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