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Pregón D. Salvador García Morgado

PREGÓN 2002
HERMANDAD  DE NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO DEL PASO Y MARIA SANTÍSIMA DE LOS DOLORES
ALHAURÍN DE LA TORRE 
Semana Santa  2005 
Por D. Salvador García Morgado
 
Reverendo Padre, Ilustrísimo señor Alcalde de Alhaurín de la Torre, distinguidas autoridades, señor Hermano Mayor y Junta de Gobierno de la Real Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno del Paso y María Santísima de los Dolores, cofrades, señoras y señores:
 
Según precepto inmemorial este pueblo se dispone a celebrar el recuerdo de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor; como lo hicieron nuestros antepasados y como lo sentimos hoy.
 
Confesamos públicamente creer en un solo Dios, padre de todo y de todos, en su hijo Jesucristo y en su Santo Espíritu.
 
Manifestamos nuestra fidelidad a la Santa Madre Iglesia y anunciamos nuestra voluntad de salir a proclamarlo ante el mundo, aunque nos miren extrañados o nos sintamos incomprendidos; aunque nos señalen con el dedo de la burla o nos traten de fenómeno turístico; aunque nos contemplen tan sólo como a un hecho cultural, mutilando nuestra legítima expresión religiosa.
 
 Y de esta manera, las calles van a ser vías dolorosas que contemplarán ?asombradas- el sacrificio del Justo, y se estremecerán los rincones urbanos donde cada día habita la fría indiferencia, y el fango de ayer y el asfalto de  hoy se cubrirán con  la cera que nuestro encendido corazón irá goteando a cada paso, a cada latido.
 
¡Cada casa será un altar de insignias y Alhaurín, la torre del templo bajo cuya sombra  nos iremos  vistiendo de morada penitencia en la noche brillante de ese jueves que reluce como un sol, eterno y santo!
 
*  *  *  *  *  *  *
 
Cuando llegué a este pueblo necesitaba conocer su gente, sentir el aliento de su tierra húmeda; recuerdo que lo primero que me conquistó fue una puesta de sol estival desde la falda de la sierra; la vega se relajaba y una delicada luz envolvió las nubes ante la concurrencia de todos los colores posibles. Pensé que aquel espectáculo debía ser habitual porque abajo, a lo lejos, el mundo no se había detenido fascinado, como yo; fue entonces cuando decidimos quedarnos a vivir aquí.
 
Aún no consigo explicarme cómo he tenido valor para aceptar el honor que la Junta de Gobierno de la Hermandad me hizo al proponerme como pregonero de la Semana Santa.
 
Quizás no haya otro que cometa la osadía de comparecer ante este noble cabildo siendo tan insignificante; por esa razón no puedo continuar sin solicitar con humildad vuestra comprensión, sé de vuestro calor humano y espero no desmerecer el altísimo mensaje que me ha sido encomendado.
 
Creedme si os digo que me movió en lo más profundo, por una parte, la sencillez y confianza con que un grupo de hermanos de Jesús vinieron a llamar a la puerta de mi casa, que desde entonces también es la suya; por otra, la palabra empeñada hace ya el tiempo suficiente como para que un hombre la cumpla.
 
Sobre todo creo que es el reto de lo imposible lo que en definitiva me ha situado aquí; imposible porque el desajuste es muy grande entre la causa hermosa y la palabra torpe. Pero de retos y de contradicciones entendemos los que creemos en Dios, Uno y Trino; en Cristo, Dios y Hombre; en María, Virgen y Madre. Pienso, además, que este apego personal a lo difícil se ve refrescado por la juventud de la que, como docente, cada día participo; ellos, los jóvenes, son los destinatarios de muchas de estas líneas.
 
Las sentidas palabras de la pregonera del año anterior han venido a  presentarme mejor de lo que soy,  palabras que brotan de la benevolencia del lugar y honran a este simple  malagueño bastante más de lo que merece. Querida Loli, oírte supone fundar un recuerdo que guardaré agradecido en el corazón y contraer una deuda que espero satisfacer algún día.
 
Solía decir un ilustre y querido cofrade de los de antes de la guerra que todos los que tienen faldas siempre andan pidiendo: las  mujeres, los curas y los nazarenos; por eso perdonad que os pida finalmente algo más:
 
 Dedicar este pregón a la juventud que trabaja por su cofradía; los operarios gratuitos que me acompañan en la fatiga. Pienso en cada uno de los que comparten mucho y dicen poco;  en  la  juventud madura, creativa e incombustible que forma el grupo de albaceas de la Archicofradía del Paso y de la Esperanza.
 
*  *  *  *  *  *  *
 
Pasear por las calles de Alhaurín es siempre reencontrarse con formas y gestos del pasado conviviendo con lo actual; uno tiene la impresión de que es capaz de detener el tiempo sin renunciar al futuro. Aquí se ha sabido crear una sugestiva complicidad entre el ayer y el hoy; aquí la luz halógena y la escultura móvil coexisten con las fachadas encaladas y el vay?usté con Dió; el césped y el ficus con el tomillo y el arrayán. Y mientras tanto, Jabalcuza sigue enmarcando las espadañas de San Sebastián.
 
A finales del siglo XVIII el historiógrafo Medina Conde decía de Alhaurín de la Torre : toma su nombre de una torre que está al lado del mediodía de su población, cuya fábrica, (...) hoy arruinada, es obra de moros (...) Tiene por el padrón de la parroquia 542 vecinos (...) Hay 9 molinos de pan y cinco molinos de aceite, encinas y quejigos, colmenas (...)Sus frutas son albaricoques, ciruelas, granados tempranos higos, brevas.(...)
 
Son sus aguas abundantes y saludables y de la parte del mediodía por donde la sierra de Mijas nacen, entre pequeños afluentes copiosísimos (...) y con sus aguas muelen los molinos de pan y uno de los de aceite, se regan  (sic) las huertas y se abastece el pueblo de todos sus usos, (...)?[1]
 
Hoy hablar de Alhaurín de la Torre es hacer un ejercicio de contemplación de la belleza que se asienta serena a los pies de la montaña de la fortuna. Tiene todos los elementos que las sagradas escrituras ubican en la Tierra Santa, los olivos de Getsemaní y las naranjas con que la Virgen calmaba la sed del Niño, el riatillo de Belén donde lavaba y el romero en que tendía la ropa; las palmeras de la entrada de Jerusalén y el ciprés del campo santo; el agua, el pan y el vino.
 
Y sobre todo su gente, la que en la próxima amanecida cantará jubilosa que ya está pisando los umbrales de Jerusalén, la que abrirá su comedor para la Última Cena, la que llorará las amarguras de María.
 
 Por eso desde aquí proclamo que Alhaurín de la Torre en el año 2002 del nacimiento de Cristo va a ser la Palestina de la primera Semana Santa de la historia.
 
Venid y acompañadme que una encrucijada de sensaciones nos aguarda entre el Albaicín y la casa del conde; desde la ermita al Arroyo Blanquillo las calles palpitan por verlo llegar. El año que tan largo se ha hecho ya pasó, en la sierra estrenan verde los pinos y amarillo la genista [2]. Nuestro Padre Jesús ya espera el trono.
 
El ciclo inexorable de la vida marca el tiempo de la Pasión y  nos preguntamos ¿habrá bastado con una Cuaresma?
 
En casa todo está ya preparado, el rito anual impregna el aire y cuando el hogar queda en silencio hasta los objetos cobran vida.
 
 La túnica, siempre recién planchada, aguarda su turno y yace tranquilamente sobre la cama; la mantilla de blonda, engreída en su belleza morena, mira de reojo las filigranas de carey de la peina; el capirote y los dos guantes discuten quien será primero. Es la luna biselada del ropero quien contempla la escena; entretanto, el viejo marquito de plata aún llora callado la ausencia de la abuela.
 
En la cocina todo es blancura, el arroz con castañas y las torrijas llevan muchos años compartiendo mantel como para encelarse inútilmente; los limones cascarúos esperan muy serios su bautizo de sal. Detrás de la puerta, el almanaque  regaña a la hoja de marzo y abril que, como siempre, revolotea escandalosa.
 
El mismo hilo conductor que ensarta toda la vivienda, al llegar al salón ordena que se pongan de relieve los cuadros; mientras, el desconchón de la entrada ya se ha plantado otra camisa nueva y en la ventana la maceta enseña su clavel. Es semana santa, lo saben, y hasta la reja querría irse de procesiones, como no puede, se queda ?por lo bajo- tentando una siguiriya porque dicen que este año se lo van a parar delante.
 
VALORES DE AYER Y HOY
Pero, ¿y nosotros?, ¿qué hemos hecho?, ¿aguardamos preparados? A menudo pienso que el cirio que se consume en la noche conoce el camino mejor que yo y me pregunto a mí mismo de qué lado estaba cuando cantó el gallo.
 
Llevo exactamente treinta años vistiéndome de morado el Jueves Santo, y tengo que reconocer desde esa militancia directa y activa de tres décadas, que existen hoy cuestiones de atención preferente.
 
Los Obispos del sur han manifestado con claridad: ?las Hermandades y Cofradías han contribuido grandemente al florecimiento de la vida cristiana entre nosotros. Estas asociaciones religiosas han aportado un importante caudal a la vida espiritual del pueblo y actualmente continúan alimentando la vida cristianan de muchos católicos repartidos por toda nuestra geografía? ; pero aún así tenemos que admitir que nos enfrentamos a una serie de retos que, desde dentro, nos interpelan a todos.
 
Hay que estar preparados para que nuestra voz no llegue distorsionada al que nos oye, para que ciertos intereses no nos manipulen. No es fruto de la casualidad el que las cosas resulten bien hechas, tenemos que estar  preparados para saber decir alto y claro que el cofrade es un cristiano comprometido con el  mundo de hoy. Hemos de asumir el reto de la formación continua para aprender el nuevo lenguaje que ese mundo necesita. [3]
 
Pertenecer a una hermandad supone adquirir un compromiso espiritual que se manifiesta en la calle no sólo un día al año, ser cofrade es mucho más que llevar una estampita en la cartera. Insisto, un cristiano no tiene por qué ser cofrade, pero un cofrade si no es cristiano no existe.
 
Hace unos meses el Secretario de la Hermandad me mostraba unas fotos, descubiertas recientemente, sobre la representación de la Pasión en el pueblo a principios del siglo pasado.
 
Allí estaban nuestros antepasados encarnando apóstoles y personajes bíblicos, mirándonos con extrañeza, como si desde ese trozo de cartulina vieran  lo  mismo que nosotros vemos hoy; las mismas calles, menos casas, las humildes galas del público en la procesión, los semblantes curtidos por los rigores de la solana de la vega, las profundas arrugas en la piel endurecida de la tierra, unas veces castigada por la sequía, otras por la riada; incluso se adivina la alpargata y el remiendo; la badila apoyada en el brasero de picón al rojo vivo, la aspidistra y el jumento.
 
No falta nada, la iglesia, las andas, los monaguillos y el cura: es como una fuente gráfica de la que manan en sepia retazos de la cultura de antaño. Y uno, ante tanto pasado preñado de devoción y esperanza, no puede dejar de hacerse una reflexión acerca de aquella herencia, ¿por qué no ha desaparecido? ¿cómo el progreso no ha acabado con esas expresiones populares que cada vez chirrían más en medio de la sociedad del microchip y la silicona?
 
Mirad, las cofradías perviven porque han sabido acompañar al hombre a lo largo de su historia particular , así se han ido configurando las historias locales. Nuestras formas de expresar la fe son el resultado de un sentimiento profundo, transmitido de generación en generación; ahí es donde estas señas de identidad tienen raíz y explicación.
 
Hay formas de oración que duran siglos y esa solera es un lujo que  no se puede comprar o vender, un lujo del que no se puede desposeer a las cofradías.
 
Qué visión más simplista tiene quien cree que la verdadera riqueza de las hermandades está en el patrimonio material. Es verdad que son valiosas piezas de museo las que se ponen en la calle con una procesión, pero aunque no tuvieran las cofradías ni plata ni oro, seguirían siendo ricas porque su riqueza no está en los bordados, ni en los marfiles; aunque no tuvieran las cofradías ni tronos, ni palios; seguirían siendo ricas porque su riqueza no está en la pedrería, ni en las coronas.
 
Las cofradías son ricas porque tienen gente, sus hermanos, sus fieles, sus devotos; los que están para lo que haga falta cuando sea y  donde sea, los que llenan esta noche la iglesia y mañana las calles, los que presentan a sus hijos cuando nacen ante Nuestro Padre Jesús y, cuando mueren,  llevan al pecho la medalla con su divino rostro, ¡eso, señores, eso es verdadera riqueza!
 
Cuántas veces y desde cuántas atalayas se ha querido ver a las hermandades como asociaciones decadentes, ancladas en épocas ya superadas y llamadas a desaparecer: ¡hay que bajar de las tribunas del poder y de la sabiduría a patear las calles en Semana Santa!
 
MÁLAGA COFRADE
 
Hay que descubrir que en las más elementales formas de religiosidad con frecuencia se hallan las raíces de una fe auténtica en Cristo [4]. Una fe, además, que se manifiesta en público, con valentía, ahora que parece que da vergüenza decir que uno es cristiano, en un mundo en el que ser católico no está de moda. Cuando la sociedad no quiere compromisos para toda la vida, los cofrades vamos y nos plantamos ahí fuera confesando el orgullo de nuestra devoción, diciendo que Cristo es nuestro rey y María nuestra reina, por eso van sobre tronos hechos a base de cariño y con el material más rico que hemos podido encontrar: los hombros de nuestra juventud; mirad su planta en un varal y decidme si hay algo más caro.
 
Por eso, además, en Málaga queremos que se le vean no sólo los pies, porque no hay nada que tapar debajo de faldones; un trono se lleva a hombros, con orgullo y la cabeza muy alta; y el que no sepa o no quiera verlo así de claro, que al menos cuide no faltar el respeto: que no son cargadores, costaleros ni portadores; aquí las palabras mayores son tres: hombre - de ?trono; y los mismos que salen son los que regresan.
 
Causas muy graves se pueden presentar hoy trastornadas por el uso del lenguaje. No vayamos a trasladar palabras que, encubiertas bajo la capa de la cualificación, o el historicismo, lo que realmente hacen es abusar de la hospitalidad malagueña.
 
Hablemos claro, en la semana santa cofrade si la tolerancia no es de ida y vuelta, si sólo tiene una dirección, no es tolerancia, es colonización.
 
Cuando se llaman jarras a las ánforas, guardabrisas a las tulipas, vara -y no bastón- a lo que lleva el mayordomo; cuando se desarma gramaticalmente la sagrada cruz-guía para suplantar su guión por una preposición, suele venir detrás la sustitución de secciones de insignias por tramos de nazarenos y no descartaría que hasta el martinete de la saeta malagueña resultara afectado. Una distorsión que llama papeleta de sitio al recibo y que puede provocar, cuando hablemos de la cabeza de varal, que alguno esté pensando en la macolla.
 
Es el intento de aplicación del mismo rodillo que ha anulado buena parte del carácter procesionista Penibético. Cuando se produce la clonación de una estética que no es auténtica de un lugar, a lo más que se puede llegar es a sucedáneo.
 
Hace algún tiempo un prestigioso foro universitario planteó las señas de identidad de la Semana Santa de Málaga como tema de debate [5]; a aquella sesión yo tuve tiempo y no fui.
 
Si un turista cualquiera pudiera estar los siete días en siete capitales andaluzas, al final las confundiría todas salvo una: aquella donde a la Virgen se le sueltan palomas, se le alfombran de romero las calles, se le pone un manto hecho de flores recién cortadas; aquella donde el Señor camina, de blanco, sobre un mar de gente; aquella donde da libertad a quién no la tiene y donde, arrodillados, recibimos su bendición con la voz de la campana.
 
Nadie puede confundirla, la de los hombres por fuera y por dentro, la de los mantos de ensueño...
 
¡Málaga es única, de nosotros depende que lo siga siendo!
 
LA SALIDA
Ha llegado el momento; atrás quedaron reuniones, citas de trabajo hasta muy tarde, en un instante recorren nuestra mente las escenas de una Cuaresma intensa de esfuerzos y la  película de los hechos, las imágenes de lo ocurrido, a velocidad de vértigo, ocupan la memoria, la suerte está echada, no hay tiempo de hacer más. ¿Qué hora es? Las ocho, ¡abre la puerta!
 
En medio del bullicio de fuera y de dentro un pellizco intenso y silencioso nos encoge, la expectación se hace tan densa que se puede tocar: qué chirriar tan deseado el de la puerta grande, qué silueta más perfecta la cruz-guía bajo el arco mirando hacia fuera, un empujón nos devuelve a la realidad: los nazarenos están en la calle.
 
Ya acaricia el raso blanco la plata de las insignias, ya tiembla asustado el tímido lucero de la primera vela. La corneta abre una brecha irreparable en medio del terciopelo azul de la noche.
 
Ya nada será igual, y el mundo de los sonidos impone su ley de metal y percusión, de aplauso y piropo. ¿Será posible ordenar ese momento? La fila de nazarenos es una sierpe que se retuerce, es la armonía del desequilibrio, el triunfo de la emoción, la conquista de un presente eterno.
 
Todos los enseres quisieran ser como ella, hablar como ella, tener su autoridad; sin embargo es única porque anuncia y abre paso; domina el ruido, a los hombres y a los hombros. Si descansa todo el año, ahora se declara cómplice del martillo que la pule, también ésta es su noche.
 
En Málaga el profeta que prepara el camino al Señor es la campana de trono. Será oída, pero golpeada hasta un día en que el último martillazo quiebre para siempre su voz argentina y el metal de su carne pase al  museo cofrade de los recuerdos gloriosos. Mas este año, que está pletórica, de  pronto desaparece de nuestra atención. Ya no existen matices, ni sonidos, ni aromas: El Rey de Reyes está delante del pueblo.
 
Señor, es como si te contemplara por primera vez, cada año es la primera vez que te veo desde que alcanza mi recuerdo; cada año, Señor, me conmociona de nuevo la dulzura de tu semblante triste; ¿cómo un hombre cargado con un madero puede irradiar tanta majestad? ¿Cómo coronado con púas que hieren tu divina frente puedes mirarme de esa manera Jesús?
 
Padre nuestro, perdona que nos empeñemos en bordarte la túnica, que necesitemos recordar tu plenitud poniendo tres rayos de oro en tu cabeza. No eran dorados el dogal que rodeaba tu cuello para conducirte como cordero llevado al matadero [6], ni el cíngulo que ajustaba tu cintura. Tu cruz tenía astillas, no barnices, eran rocas frías y no claveles las que alfombraban tu paso.
 
Los cofrades queremos ser la mujer que rompe su frasco de alabastro para perfumar tu cabeza con nardo puro [7]. Permite, Señor, que tratemos de aliviar tu cuerpo dolorido a nuestra manera, porque aún así no se nos puede olvidar tu historia, la que empezó antes de todos los tiempos...
 
A este pregonero se le antoja que Dios envió a san Gabriel a anunciar el nacimiento de su hijo y que el ángel voló al sur, a una casa humilde, a una mocita cuyo nombre, desde que dijo sí, fue María de los Dolores. Y que el ángel surcando  loco de alegría la cuesta del Abedul y las Dehesillas regresó feliz al cielo diciendo que había estado en Andalucía.
 
Bien sabía la Señora Santa Ana, la de la Alquería, que su niña estaba llamada a algo muy grande, pero nunca alcanzó a imaginar que en sus entrañas iba a crecer la salvación del mundo. Y así fue, tal y como se había anunciado, el niño nació, el día de la Candelaria lo presentaron en el templo; creció, y todo el que quiso pudo verlo correteando por la carpintería del padre con esa cabeza llena de caracoles.
 
Pero pronto quedarían atrás las soleadas mañanas del  cortijo, y llegó el día del bautizo en el Jordán -que en malagueño es Guadalhorce- y comenzó su misión.
 
Qué nadie se engañe diciendo que si  no ve no cree, porque lo hemos visto en el Romeral curando enfermos, porque lo hemos oído predicar en Mestanza; y pidiendo de beber a la samaritana en Santa Amalia. Nos poníamos de puntillas para verlo pasar bajo los arcos de Zapata cuando iba a casa de Marta y de María.
 
Caminaba por pueblos y aldeas predicando y anunciando el Reino de Dios. Iban con él los doce. [8]
 
¿Acaso  no fuiste tú, Jesús Nazareno, el que rompió su cuerpo por nosotros como grano de trigo en el molino? ¿no fuiste tú quien se dejó pisar por los hombres como uva en el Lagar?
 
¡Alhaurín tiene abiertas sus puertas, entra en ella Padre Jesús que es Domingo y te acompañamos, oímos tu Palabra y queremos seguirte!.
 
JUVENTUD
Una muchedumbre se arremolina en tu presencia, pero... los que han cortado el olivo y las palmas, los que fueron a buscar el pollino a la aldea de enfrente, los que extienden las alfombras en tu camino, y luego las recogen; los que prestan servicios como grito de alabanza a Dios... son los ministros del trabajo desconocido, los ?niños? que no figuran jamás en primera fila con las representaciones oficiales.
Cuántas veces habría que hacer un ejercicio de humildad y reconocer que es el apoyo y el entusiasmo de la juventud lo que trae la vida a las cofradías.
 
Esa juventud, a veces con piercing y coleta, a veces ruidosa y trasnochadora, es la misma que se lleva la foto de su Cristo o de su Virgen en el forro de la carpeta para procesionarla todos los días del curso por institutos y facultades; la misma juventud que se destroza los labios contra la boquilla de la corneta, la misma juventud que se mete debajo de la mesa del trono cuando más pesa y aprieta los riñones, sin más recompensa que el hombro del color más bello que pudo salir de la paleta del Creador: ¡el morao!
 
Por esa razón ninguno debemos perder de vista que son los jóvenes cofrades quienes hacen que las puertas del futuro se mantengan abiertas para todos. Qué cada uno saque sus conclusiones.
 
PENITENCIA
Desde Torrealquería te he visto maniatado; eras tú, sin duda, con el rostro inconfundible de la paciencia; tu mismo cabello, sin potencias y un morado de misterios dibujando las ojeras. Eras tú pero sin posibilidad de agarrar la cruz; con las muñecas atadas no pudiste más que levantar la vista: ese fue tu discurso aquel día, ¡toda la elocuencia encerrada en el único y lento parpadeo de un hombre preso!. Con un solo pensamiento se derrumbó mi vanidad: por quitarte la cruz de encima te quité la libertad.
 
El trono se levanta y con la cadencia de las olas se encamina hacia su destino. Todo palpita cuando  te acercas, cada elemento secundario encierra un universo en sí mismo.
 
El penitente anónimo observa bajo la tela del capirote los mismos sitios que cualquier día del año, pero ahora él es otro; su mano agarra con firmeza el cirio que va dejando su cuerpo de cera por alumbrar una promesa, y establece un diálogo mudo con el flamear de la llama en sus pupilas.
 
Cuántas veces he pensado que ése es el momento de más profunda reflexión de todo el año, un encuentro consigo mismo en plena calle y rodeado de gente que te mira sin verte.
 
El sagrado hábito de nazareno penitente es la ley cofrade que nos hace iguales a todos, que lleva siglos consiguiendo cada primavera aplicar los derechos solidarios que el mundo intenta en vano por otros métodos.
 
 El hábito nazareno permite al tímido por una vez mirar a la cara sin bajar la vista; al inadaptado incluirse como uno más del grupo; es la túnica un emblema de catolicidad que no conoce xenofobias ni entiende de racismo; y la cera, expresión de las emociones religiosas, la cera pura de abeja significa la carne pura de Cristo (...), la mecha significa el alma y la llama (...) su divinidad [9].
 
¡Nazareno penitente siente, desde tu anónima profesión de fe, el orgullo de los hijos de Dios! ¡Eres el que alumbra sin brillar; nazareno penitente bienaventurado tú porque sabes practicar el mensaje de Cristo cada vez que sigues adelante sin abandonar la fila; gracias porque te tapas la cara al hacerte mayor y, desde ese momento, peregrino, ya ni te conocen, ni te reconocen, ni te felicitan y sin embargo eres la esencia de la procesión!
 
LA MADRE
Mientras se aleja el redoble del tambor de cola y los ojos de  las promesas se fijan en la sagrada espalda cruzada por el madero, los capirotes se tornan oscuros, como un contrapunto a la Mujer que preceden, la que es luz de la aurora. Y sentimos que ahora todo acaba de empezar porque ya se adivina el palio, la luz y la flor, la filigrana y el bordado, la cera y el aroma dulcísimo de la Madre.
Cualquier niño de los que inciensan tu camino, Señora; cualquier devoto de los que se encandilan con tu presencia, podrían decir más de ti que yo; porque son ellos los que pregonan con su corazón las más sentidas palabras que imaginarse puedan, son ellos quienes convierten cada día su vida en un testimonio que te anuncia; son ellos, María, no yo, los que conocen la ternura de tus manos y el consuelo de tu mirada.
 
Eres manantial de hermosura que brota serena de tu dolor. Virgen de los Dolores tu sola imagen compendia en un instante todo un viejo testamento de amor y un futuro de esperanza inagotable. Virgen y Madre: pureza y amparo en la tribulación, no llores más, que rendidos ante tu humildad nos enamoras.
 
¿Qué puedo decir de tus lágrimas que son cinco misterios de dolor insondable?, ¿qué de tus labios que quisieran sonreír y no pueden? Cuatro torbellinos encendidos de plata y cristal son los arbotantes de tu trono pero no alumbran porque tú eres la Torre de marfil, tú eres la estrella de la mañana [10].
 
Puedo declarar, Virgen de los Dolores, el empeño de presentarte como reina de nuestras almas.
 
Puedo, por ello, Virgen de los Dolores, reconocer el arte y el esfuerzo de tus hijos para ponerte en el trono.
 
¡Qué arte las blondas de tu pecho!, ¡qué arte las flores de tus ánforas, qué arte el bordado de tu saya... y hasta la vela que se enjareta con cada chorreón!
 
Los borlones de tu palio son la guardia que te venera y, entre tintineo de campanillas, en cada mecida quisieran darte un beso en la cara.
 
¡Qué arte en el recogido de tu manto!, en la toca que te cubre, en ese pañuelo que es una patena, como que tú eres la custodia, primer sagrario viviente del Amor de los amores, por la Gracia de Dios: Nuestro Padre Jesús Nazareno.
 
Morado tenía que ser tu manto y morado tu palio, pero ha podido más el azabache de tus ojos, Nazarena; y si por eso fuera, como el rubí de tu boca tenían que ser las flores, pero ha podido más el blanco de tu pureza virginal. Y así, blanco y  negro, negro y blanco, va subiendo la fila de penitentes por las angosturas de la calle Álamos, donde las fachadas palidecen más todavía cuando por allí se asoman los colores de tu carita morena.
 
BENDICIÓN
¡Corre que ya está el Cristo en la calle chorrillo! Y es la apoteosis: los balcones se vienen abajo, llueven los pétalos, se confunden la música y el clamor; la vía se estrecha y el trono se agiganta. Suena la campana y con las saetas un escalofrío recorre la espina dorsal de este pueblo, entusiasmado cuando las alhaurinas piropean al Varón de los Dolores [11].
La ilusión desbordada anega de banda a banda
 
todo aquello que encuentra por doquiera que Él pasa,
 
se remansa en cada alcorque, ya inunda la plaza,
 
 y abraza los azahares, que esta noche estallan.
 
Por la calle Mesón, la de más lucida estampa,
 
se expande la gloria del espíritu, animada
 
por notas y  por incienso que van en volandas.
 
El dulce Nazareno a su destino se abraza,
 
mansamente da la vuelta - no se mueve un alma-
 
y mira a su madre, caricia de luna blanca;
 
el tiempo detenido, la plaza arrodillada,
 
del madero despega por fin la mano santa ...
 
¡lloran las fuentes, la campiña y la madrugada
 
porque a Alhaurín bendice el que va a morir mañana!
 
Es un instante infinito que transcurre fuera del tiempo y del espacio. La bendición es signo indeleble de la alianza entre cielos y tierra, entre Dios y los hombres, que se condensa por milagro de tus manos en plena calle.
 
Altar es la plaza y mantel el arroyo. Pan blanco tu cuerpo y vino dulce tu sangre. Sacerdote eterno [12], todos los que se fueron al paraíso se han asomado a verte desde los balcones de la gloria, no falta ni uno.
 
Bendecir es el camino y el destino; principio y fin de la bondad que se derrama como agua clara entre los dedos, pensamiento que queremos soñar barroco, nos toca en la frente y como un susurro se aleja.
 
La mujer en Alhaurín se encuentra con Jesús y quiere limpiarle el rostro para que  no lo vea así su madre, porque ella conoce  mejor que nadie lo que duelen los hijos.
 
Madre que no se cansa de esperar a los que llegan a las tantas, madre que sostiene al niño en brazos durante horas para enseñarle desde chiquito lo que es una procesión, madre de primores con el hilo y encaje de bolillos cuando no salen las cuentas; mujer que, además, es capaz de colocarse con la misma dignidad un capirote o una mantilla.
 
La pasión en esta tierra se vive de otro modo porque tú eres la que tiene más rigores para estar presente cada vez que Padre Jesús pasa por la calle de la amargura.
 
Los hombres quisiéramos omitir la tragedia, estamos tentados de abandonarlo a su suerte, de dar la espalda ante la dificultad y el desánimo ...
 
CONSUMMATUM EST
Todo se ha cumplido, atrás quedó el paso por la vía dolorosa, las caídas, la soflama y el gentío; despojado por sayones, el morado te abandona. Tú ya no eres el Nazareno.
Abierto está tu cuerpo desnudo en los brazos de la cruz como misal infinito sobre un atril de martirio. Por la calle Real la sombra de los capirotes se alarga interminable en los paredones. Sin abrir la boca resuena en nuestra conciencia el eco de tu voz:
 
Pueblo mío, ¿qué te he hecho?, ¿en qué te he ofendido? Respóndeme?[13]
 
Cuatro hachones de cera verde te están velando.
 
Junto a esta Vera-Cruz, triste y amarga es la Soledad de la Madre, la que perdió su esposo, ahora pierde a su hijo. ¡Qué funesta soledad clava puñales de hielo en su corazón afligido!
 
Cuántas Madres de la Soledad conozco, tristes habitantes del olvido, injustas cautivas de la ingratitud después de haberlo dado todo. Dejadla que recuerde cuando con su cuerpo defendía al niño del relente de la noche,
 
La paja del pesebre era su armiño,
 
y aunque corona no  tenía su frente,
 
era el rey de mi alma, mi inocente
 
pedacito de Dios, dulce cariño.[14]
 
La torre de fortaleza se ha derrumbado besando tus pies ya fríos. Se apaga la luz. El reflejo ambarino de tus cuatro faroles parece haberse ocultado para siempre en la oscuridad de las naves parroquiales, apagados los ecos de mil gargantas, solloza la serranía que fue tu Gólgota.
 
*  *  *  *  *  *  *
 
Tres días sin pulso. Caminamos a Emaús con tu recuerdo como  el que está vacío, sin más luz que la memoria.
 
Un trozo de pan en la mesa y unas manos que comparten [15] han sido el agua bendita para nuestra ceguera.
 
Y esta tierra sabia te había adivinado antes que nosotros, Andalucía vive la pasión sabiendo que al final aguarda una primavera eterna.
 
Jesús no podía haber dejado más mensaje que el del amor, ni nosotros ofrecerle mejor presente que el abrazo entre hermanos. Por eso, cuando despunte el alba y el sol brille sobre el Mediterráneo nuestro de cada día, no tendremos más color que el blanco. Triunfador de la muerte no levantará la cruz de castigo, sino de bandera.
 
¡Alhaurín, despiértate alegre que sobre tu torre la figura de Jesús Resucitado, ya se eleva radiante!
 
Dichosa la mañana que trae la gran noticia
 
de tu presencia joven en gloria y poderío,
 
la serena certeza con que el día proclama
 
que el sepulcro de Cristo está vacío [16].
 
He dicho.
 
[1] MEDINA CONDE ?Suplemento al Diccionario Geográfico del Obispado de Málaga?
 
[2] Cfr. SERRAT, J.M. Mediterráneo.
 
[3] Cfr. ?Las Hermandades y Cofradías?, Proyecto Pastoral Diocesano 2001-2002 de Málaga ¡Duc in altum... rema mar adentro!
 
[4] Cfr. MATTAI, G. Nuevo Diccionario de Espiritualidad  ?Introducción a una lectura teológica de la religiosidad popular? Madrid 1985, 1214
 
[5] Curso ?Identidad y controversia de la Semana Santa de Málaga y de sus Cofradías de Pasión?. Fundación General Universidad Complutense. Almería 1994.
 
[6] Cfr. Is 53, 7
 
[7] Cfr. Mc 14, 3
 
[8] Lc 8, 1.
 
[9] SCHULTE, A.J. The Catholic Encyclopedia. 1907, 1, 347
 
[10] De la letanía lauretana
 
[11] Cfr. Is 53, 3
 
[12] Cfr. Sal 109, 4 (110)
 
[13] Liturgia del Viernes Santo
 
[14] HURTADO DE MENDOZA, J.L. Cruces y Palios,  ?A Nuestra Señora de la Piedad?, fragmento. Málaga 1986.
 
[15] Cfr. Lc 24, 30-31
 
[16] De la canción Alegre la mañana. Cancionero de la Renovación Carismática Católica en España. SERECA. Salamanca 1990.
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