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Pregón Dña. Loli Luque Luque

XVI PREGÓN DE LOS MORAOS
REAL HERMANDAD  DE NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO DEL PASO Y MARIA SANTÍSIMA DE LOS DOLORES
ALHAURÍN DE LA TORRE 
Semana Santa  2001 
PREGONERA :  Dª. Loli Luque Luque
 
Buenas noches, Señor alcalde y autoridades presentes, a nuestros párrocos Don José y Reinaldo. Hermano mayor de la Real Hermandad de Ntro. Padre Jesús Nazareno del Paso y María Santísima de los Dolores, Hermano mayor del Santísimo Cristo de la Vera Cruz y Ntra. Señora de la Soledad, Hermanos mayores y representantes de las distintas cofradías y hermandades que nos acompañan esta noche, hermanos, hermanas y amigos bienvenidos al decimosexto pregón de los moraos.
 
En primer lugar darle las gracias a la actual Junta Directiva y especialmente a Nuestro Hermano Mayor Ignacio Rebollo, por confiar en mí.
 
Para empezar, ni yo misma me creo que esté ante todos ustedes, delante de este micrófono para dar el pregón de este año. No porque yo no quisiera, simplemente, que conociéndome como me conozco, ni yo misma me explico como puedo estar hablando ante un público tan numeroso, ya que soy una persona bastante tímida, aunque no lo aparente.
 
Y además de ello, por desgracia no pude tener los estudios que hubiese deseado. Por todo eso, espero que seáis comprensivos y sepáis perdonar mis errores, que seguro tendré.
 Desde que se está dando nuestro pregón, todas las personas que lo han dado han sido personas  muy entendidas y estudiadas, es por eso que cuando me pidieron que fuera yo la pregonera dije que sí, ya que tenía algo escrito desde hace varios años, pero después de aceptar, sentí cierto temor, pero al mismo tiempo me animé yo sola, diciéndome a mi misma ¡Animo Loli que tú no estás delante de extraños, que son personas,  casi todas conocidas  que te quieren y aprecian, y seguro que les va a parecer bien!.
 
El hacer este pregón es porque a mí me ilusiona participar y colaborar en todo lo referente a nuestra querida Real Hermandad, ya sea en cargos directivos o en actos organizados por esta misma.
 
Una de las preguntas que me hacía cuando cada año acudía a nuestro pregón de Semana Santa era si yo sería capaz alguna vez de realizarlo.
 
Pero no fue hasta que el pregón lo realizó Mari Petra, la primera mujer que lo hacía en nuestro pueblo en el año 94 y después Loli Rando en el 98, cuando verdaderamente me dije que algún día sería yo la pregonera y ese día es hoy, en el año 2001, por lo que estar aquí ante todos ustedes me llena de emoción y alegría.
     
Desde muy niña he sentido devoción por Nuestro Padre Jesús y la Virgen de los Dolores, y con todo lo referente a la hermandad de los moraos. Siempre he sentido admiración por todas las personas que han desempeñado algún tipo de trabajo en nuestra hermandad, ya sea de la directiva o no y digo trabajo porque echar  unas procesiones como las que echamos en nuestro pueblo con todo el esplendor y el lujazo, con que lo hacemos, hay que moverse y trabajar mucho. Y es por eso por lo que siempre ansiaba participar en todo y me decía que en cuanto pudiera yo participaría en todo.
 
Me acuerdo que una de las cosas que me hacía mucha ilusión y no lo pude lograr fue cuando los hermanos se repartían los soldados en sus casas y a mí me hacía ilusión de tener algunos músicos en la mía, pero mi madre me decía que en la sala donde vivíamos no era muy adecuado, y no lo era porque vivíamos en una casa de vecinos y teníamos solamente una habitación, y hacía de cocina, cuarto de baño, comedor y dormitorio. Eso lo recordarán los más mayores, los jóvenes no, y esa fue una de las cosas que no pude realizar.
 
Uno de los hechos que más me impresionó  de un Jueves Santo fue en el año 1964, cuando un niño hermano de los moraos desde muy pequeño se encontraba muy enfermo. Ese niño era mi vecino y primo Antonio Rubia Martínez, que en paz descanse.
 
Desde que amaneció el día, se comentaba entre las personas más cercanas a nuestra familia que quizás Antoñito, como entre nosotros lo llamábamos, recibiría esa noche la visita de Nuestro Padre Jesús, pues debido a su enfermedad él no podía ir a verlo como hacía cada  año, acompañándolo durante la procesión vestido de nazareno.
 
De ese modo el trono de Nuestro Padre Jesús se desvió del itinerario para visitar y acompañar esa noche durante unos momentos a su hermano Antoñito. Al llegar a la esquina del Chorrillo se desvió y subió la caleta para visitar al niño que en ese día tan señalado, más lo necesitaba.
 
Yo en aquellos momentos, como niña que era, pensé que no me hubiera importado estar enferma, con tal de que Nuestro Padre Jesús me hubiera visitado a mí. 
Fue tal la emoción que sentí que aún hoy lo recuerdo con toda claridad. Este hecho no hizo más que aumentar mis deseos de ser hermana de los moraos.
     
Bueno, dejando atrás momentos tan emotivos, sigo recordando mis vivencias con nuestra querida Real Hermandad.
 
Otra de las cosas que me emocionaba, era cuando Juan Morales, que en paz descanse, llevaba el trono de Nuestro Padre Jesús y a la vez cantaba saetas, yo siempre procuraba ir al lado del trono para escucharlo, ahora que él no está entre nosotros, tenemos a sus hijas, que también lo hacen, todos sabemos que la artista es Mari Carmen, pero a mí quien más me recuerda a su padre es Santi, por eso yo le pediría que ahora cantara una saeta para todos nosotros, y en espacial para Nuestro Padre Jesús, de quien su padre era tan devoto.
                                         
 SAETA
                                          
 Después de escuchar a Santi cantar la saeta que  su padre tantas veces cantó, sigo recordando, como y cuando me hice hermana de los moraos.
 
Conforme me iba haciendo más mayor, al igual iba creciendo mi ilusión.
 
En los años que salimos en penitencia, acompañaba a Nuestro Padre Jesús alumbrando con mi vela, siempre lo más cerquita posible de Él.
 
Cuando empecé a trabajar, toda mi paga se la daba a mi madre para poder seguir adelante y aún así siempre que venía nuestro hermano Sebastián Martín  a mi casa a pedir donativos para una túnica para Nuestro Padre Jesús o una saya para la Virgen, nunca se iba con las manos vacías.
 
Pasó el tiempo y con 20 años me casé. Fue en el mes de octubre en el año 72, un año más tarde, en 1973, año en el que se bendijo la nueva talla de la virgen de los Dolores, Anita Carrasco y Manola Rocha  vinieron a casa de mi tía Margarita, donde yo me encontraba en esos momentos, y allí mismo me hicieron hermana de la cofradía. Recuerdo que me dijeron: ¿Cómo tú Loli, siendo tan morá  no eras hermana ya?, y como yo ya dependía de manejillo, pagué mi cuota, que eran 500 pesetas y así empecé a sentir que la hermandad era como algo mío.
     
Como casi todos sabéis, mi marido es verde, que le vamos a hacer, pero no es malote, ya que ha estado llevando durante muchos años al nazareno sobre sus hombros y nunca le ha pesado llevarlo, eso lo sabe bien, Santiago Martín, así que puedo decir que hay en él algo de morao.
 
Luego vinieron mis hijos, que como bien sabéis los tres son moraos, la verdad es que he tenido mucha suerte, como me dice la gente, aunque creo que de pequeños influí un poco en ellos, ya que en vez de cantarle canciones de cuna les enseñaba fotos de Nuestro Padre Jesús y de la Virgen de los Dolores y les decía:
 
¡Mi niña es morá!, ¡Mi niño es morao!. Pero también quiero decir que ellos no se apuntaron hasta que fueron más mayores y decidieron por ellos mismos.
 
Lo curioso fue que el más chico de mis tres hijos fue el primero en apuntarse ya que sin consultar conmigo fue en busca de Paco Farfán y Frasquito para que lo hicieran hermano. A raiz de esto mis otros dos hijos hicieron lo mismo y fue así como mi verde se quedó solo.
 
Cuando se hicieron mayores, pude meterme más de lleno en la hermandad y en el año 1988 fue cuando entré en directiva, tanto en los hombres como en la rama femenina entramos un grupo de hermanas que aunque llevábamos muchos años perteneciendo a la hermandad, era la primera vez que teníamos cargo. 
 
Todas entramos con mucha ilusión, pero con un poco de temor, ya que sustituíamos a unas hermanas con muchos años de experiencia en nuestra hermandad; como era Anita Carrasco, Rosi Rando, Manola Rocha, María Ortega, Loli Rando...
 
En aquella fecha era hermano mayor Antonio Tomé, él también tenía un poco de temor ya que no teníamos casi ninguna experiencia y le hizo una recomendación a todas ellas, de que nos echara un vistacillo, por si acaso a nosotras nos costaba trabajo incorporarnos, pero luego él y todos estuvieron satisfechos porque la cosa marchaba bien, pero es que no podía ser de otra forma, puesto que todas entramos con tanta ilusión, que todo nos parecía poco.
 
Entró de Camarera Mayor Mari Cantero, pero por motivos de trabajo, lo tuvo que dejar y fue sustituida por María Sánchez Marín, y con ella: María Díaz, María Martín, Antonia Cantero, Pili Castillo, Encarna González, Antonia Rubia, Adelaida...
 
Todas éramos una piña, pero especialmente fuerte fue mi unión con María Chirre, como todos la conocemos, con la que mantenía y mantengo una gran amistad desde niña, y con María Marín a la cual solo conocía, pero cuando nos tratamos llegamos a compenetrarnos y entendernos tan bien, que enseguida entablamos una gran amistad.
 
Las tres formamos un equipo y desde entonces estamos muy unidas hasta tal punto que hay gente que  cariñosamente nos llaman las tres Marías.
 
Yo entré en el cargo de tesorera y albacea de enseres, cargo que sostuve durante varios años, y creo que recordaréis como me alegraba cuando recibía los manejillos; me ponía más contenta que cuando mi marido entregaba el sueldo. Pienso que entramos en un buen momento y supimos aprovecharlo bien, ya que se hicieron cosas muy importantes para nuestra hermandad, al igual que las directivas que nos antecedieron y las posteriores. 
 
Del primer y segundo año que entramos, tengo un recuerdo muy bonito de cuando estábamos haciendo el palio  y visitábamos a las hermanas que se apuntaron para dar donativos todos los meses. En los primeros quince días era cuando íbamos a cobrar como si fuésemos perrilleros y teníamos fecha puesta por ellas mismas para ir a sus casas, algunas a primeros de mes, otras  los días 10 que era cuando se cobraba el desempleo, otras los días 15 porque cobraban por quincenas. Había una hermana que tenía yo que mirar el coche del marido, si estaba en la puerta no podía llegar.
       
Así, mes tras mes hasta que terminamos el bordado y la confección del palio. 
     
Una de las anécdotas simpáticas fue con las campanillas del palio, las que teníamos eran las del  aguardiente vendor, pero tenía un filo que rompían las borlas, y buscamos otras por todas las ferreterías que conocíamos en Málaga y todas eran o pequeñas o muy grandes, y Gregorio el Toloseño, que en paz descanse, nos dijo que nos iba a llevar a Coín, donde seguro habría, ya que conocía una ferretería allí. Quedó en llamarme a mi casa y cuando sentí el teléfono y era la voz de un hombre, dije con mucha alegría ¡Gregorio! Y era Miguel, mi marido y me dijo en broma, pero como si estuviese enfadado, ¿Qué Gregorio es ése? Y ya le dije lo que había pasado. Sería de broma, pero la cara se me puso fiscada  del disgusto que había pasado.
   
Otros de mis deseos era vestirme de nazareno y también lo hice, en el año 1989, llevando junto a Emilio Jauregui la sección de la Virgen. De esa noche tengo buenos y malos recuerdos. Los buenos fueron que por fin me veía vestida de nazareno, repartiendo los enseres y formando la procesión, cosa que me hizo mucha ilusión.
 
 Lo malo fue, que cuando me probé el capirote no le metí la tela en el cartón como hacía a todas las túnicas que repartía y me quedaba grande, así que no tuve otra cosa que hacer que recortar el filo del cartón para que el agujero de los ojos cayera en su sitio, imaginaos la noche que eché con el filo del cartón clavado en la frente, me dio dolor de cabeza, se me hizo un borde, que hasta mudé la piel, pero eché toda la procesión sin salirme ni para ver el daño que me estaba haciendo. Esa noche me dio fiebre.
 
Dejo ya las anécdotas, ya que tendría para escribir un libro.
   
En el año 1995 cumplí otro de mis mayores deseos, que fue ser elegida Camarera Mayor de Nuestro Padre Jesús y la Virgen de los Dolores, ya podéis imaginar lo que ello significó para mí, la ilusión  y la emoción que sentí.
 
Pero no entré en el mejor momento, por el motivo que casi todos los presentes sabéis y que fue mi enfermedad. Entré justamente con la última sesión de quimioterapia y me encontraba tanto psíquica como físicamente muy insegura.  Con cualquier cosa me agobiaba y la verdad era que no estaba segura de si iba a superar mi enfermedad o no.
 
Me acuerdo que cuando me estaba recuperando de la operación, como tengo fotos por casi toda mi casa de Nuestro Padre Jesús y de la Virgen de los Dolores, al igual que cuando iba a la iglesia, los miraba y les preguntaba el porqué me había pasado eso a mí, y se lo pregunte muchas veces, para mí era como si me estuvieran mirando, y llegué a una conclusión, y era que me había pasado a mí porque yo era una persona fuerte para superarlo y también pensé  que Nuestro Padre Jesús y la virgen no iban a permitir que le faltara a mi familia y que vosotros os quedarais sin vuestra hermana Loli.
 
Es por todo eso que decidí que entrara otra camarera mayor y que tal vez si durara mucho tiempo podría entrar en otra ocasión. La primera persona  a la que se lo comenté fue Manuel López Mestanza, el cual entendió perfectamente mis motivos.
 
Tanto Juan José, que era hermano mayor, como todas las hermanas que estaban en mi directiva, me animaron a seguir, pero para mi lo mejor era dejarlo.
 
Y creo que es el momento de darles las gracias públicamente a todas las hermanas que me ayudaron y apoyaron en el año que estuve de Camarera Mayor, como fueron: María Chirre, María Marín, María Plaza, María Cárdenas, Matilde, María Martín, Juana Ortega, Conchi, Antonia Rubia, Inés Roldán, hermanas Morales, Magdalena Torres, hermanas Rando, perdonad si me faltan algunas. En definitiva a todos los hermanos y hermanas en general. Y como no, también a mis hijos y a mi hija que fue tesorera conmigo, y en especial a mi marido, que siempre me ha ayudado y acompañado en todo lo que ha podido, no solo en ese año, sino desde que entré por primera vez en directiva. GRACIAS A TODOS.
 
De ese año también tengo un recuerdo muy bonito, ya que fue cuando en nuestra Iglesia le fueron impuestas a Mª. Santísima de los Dolores la Laureada de San Fernando y la medalla militar individual del teniente general excelentísimo Sr. Don Antonio Alemán Ramírez, que su viuda y su hijo ofrecieron  en su memoria. Y tuve el honor de entregarle a su señora el título de camarera mayor honoraria; de ese día, no solo yo tengo un recuerdo bonito sino que lo tenemos todos los moraos.
  
En la Navidad de ese mismo año tenía el ayuntamiento un escenario montado para las pastorales que venían de fuera y para todos lo grupos de nuestro pueblo que cantaban villancicos y le pidieron a Juan José que los moraos participaramos cantando, y así fue como un grupo de hermanas nos subimos en el escenario  y cantamos varios villancicos y no lo hicimos muy mal del todo y la hermandad quedó todo lo bien que nosotros pudimos.
 
El hacer eso nos viene muy bien porque aunque ya alguna cantábamos en la misa del gallo, eso nos sirvió para formar un grupo que en todos los actos de nuestra hermandad, en los que hay que cantar, cantamos e intentamos que todo salga bien. Cuando se celebró el 50 Aniversario de Nuestro Padre Jesús nos juntamos todas y tratamos de cantarles unas sevillanas dedicadas a él, ya que era una celebración de alegría, así que se lo comentamos al pregonero Juan Benitez y a él le pareció de maravilla, y nos dijo que todo lo que las camareras y hermanas hicieran estaba bien hecho. Desde aquí, en nombre de todas le doy las gracias a Juan.
 
  Bueno, ya que he resumido mi paso hasta ahora por nuestra hermandad, termino diciendo que si me pusiera a contar anécdotas y todo detallado nos tiraríamos mucho rato y no quiero ponerme pesada; por eso voy a centrarme en el principal motivo de mi presencia aquí.
 
Ser pregonera significa que vas a tratar de hablar y explicar algo que va a suceder y creo que este caso es difícil, debido a que el acontecimiento que se aproxima es de tal importancia para todos nosotros como es la celebración del paso de Jesucristo por nuestras vidas.
  Cuando entramos en cuaresma con el miércoles de ceniza, ya todos nos ponemos a hablar de la Semana Santa y de todo lo que acontece. Lo que en actos religiosos se refiere lo primero que tenemos los moraos es el Via-Crucis de la antigua imagen de la Virgen de los Dolores que desde hace varios años la sacamos de la Casa Hermandad el primer domigo de cuaresma. Hacemos el recorrido por el barrio viejo con velas encendidas regresando a la casa hermandad entre cantos y rezos.
 
Después tenemos los triduos, donde las dos hermandades se unen para celebrarlos conjuntamente. A mi modo de ver no acudimos todos los que deberíamos de acudir porque escuchar la palabra de Dios durante esos tres días del triduo nos ayudaría a comprender mejor lo que Jesús hizo por nosotros y eso haría que celebrásemos nuestra Semana Mayor  con más fervor y devoción.
 
Pero  bueno, lo bonito es que al menos en esa semana todos nosotros, los que vamos a misa y los que no, sentimos lo mismo, un inmenso amor por Jesús, esa persona que dio su vida por nosotros y nos enseño a amar y a ser amados  por su madre, esa madre que también es nuestra y que con tanta resignación y dolor acompañó a su hijo hasta el último momento.
 
A la semana siguiente tenemos el viernes de Dolores. Ese día le rezamos un rosario y escuchamos misa en honor a María Santísima de los Dolores y al terminar pasamos al besamanos.
     
Hace varios años leí unas saetas muy antiguas y me llegó tan hondo que he escrito resumiendo lo que más  me gustó y dice así:
  
 Jesús oraba en el huerto
Viendo su muerte acercarse
Y la tierra iba regando
Con lágrimas de su sangre.
Solo por treinta monedas,
Te vendió Judas imprudente,
Y a la chusma te entregó,
Dándote un beso en la frente.
En el pátio del caifás,
Cantó el gallo al decir Pedro,
Yo no conozco a ese hombre,
Ni tampoco es mi maestro.
Pilatos lavó sus manos,
Y la sentencia firmó
Por temor a los tiranos,
Que piden en alta voz,
La muerte del soberano.
Lleno de polvo y sudando,
Va caminando Jesús
Sin fuerzas se va quedando,
Ya no puede con la cruz,
Cirineo le va ayudando.
Los clavos que dispusieron
Para enclavar al Señor,
Sin punta los escogieron;
Como no podían entrar,
Golpes y más golpes le dieron.
Cuando Jesús expiraba,
Al final de su agonía ,
De los doce  que el amaba,
Junto a su madre María,
Sólo Juan le acompañaba.
Ya está el infierno cerrado,
Abierta la inmensa gloria,
El pecado perdonado
Y consumada la victoria,
Que el Padre eterno ha mandado.
 
Centrándonos en nuestra Semana Santa, voy a contar lo que siento que creo que es lo que todos nosotros sentimos como cristianos y  cofrades que somos. 
Entramos en la Semana Mayor con el Domingo de Ramos, en el que acudimos a la iglesia con una ramita de olivo, que se bendice y  la guardamos durante todo el año, y así recordamos la entrada de Jesús en Jerusalén, donde fue recibido con palmas y olivos. Así empezamos a recordar la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. 
El lunes Santo se lleva a cabo un acto muy emotivo para todos los moraos y gente del pueblo, como es el traslado de Nuestros Sagrados titulares a sus respectivos tronos. Un acto lleno de saetas, llanto contenido y olor a velas e incienso. Cuando se hizo el primer año acudimos muy poquitas personas, ya que no estaba puesto en los actos programados de la cofradía, pero cada año que pasa son más las personas que acuden, hasta el punto de que la Iglesia se nos queda pequeña.
 
En martes santo, como en nuestro pueblo no tenemos procesiones, todo es preparativo para nuestros días grandes. 
 Pasamos al miércoles, día en que visitamos al Cristo del Cardón en santo vía crucis, llevando a hombro al Santísimo Cristo chico, como entre nosotros lo conocemos.
 Y ya nos metemos en la madrugada del Jueves santo que es  cuando nuestro hermano Caracol y todos los hermanos que le ayudan arreglan y embellecen los tronos de Nuestro Padre 
 
Jesús y la virgen de los Dolores. Esa noche no duermen, y creo, que todos los demás moraos, como yo tampoco. Antes de acostarme miro para el cielo para ver si está estrellado, si lo está me acuesto más tranquila, aunque eso no impide que esté pensando en el día  que nos espera. Amanece el día, lo primero es mirar si está despejado, si miro al cielo y está azul me tranquilizo pero no paro de pensar que el día es muy largo y que puede cambiar y así es que subo las escaleras de mi azotea montones de veces porque desde allí diviso mejor el cielo.
 
Os tengo que decir que quisiera ser más tranquila, pero no lo consigo, es superior a mí.  En definitiva, que ese día a la vez que disfrutamos mucho, también lo pasamos mal.
 
Otra de las cosas, es que yo no sé por qué  ese día ni nos acordamos de comer, creo que nos pasa a todos, nos tiramos el día bebiendo agua y refrescos con la boca seca pensando si nos saldrá todo bien.
Por la tarde a las cinco, muchos acudimos a la parroquia  a recordar la última cena del Señor y el lavado de pies a sus apóstoles. Al terminar la misa trasladamos al Santísimo en una pequeña procesión hasta los salones parroquiales, donde está instalado el monumento.
 
Cuando llegamos a la plaza, ya están las bandas de música que nos acompañará durante la procesión haciendo el pasacalles y justo después, todos nos preparamos para nuestra gran noche.
  
Noche de Jueves Santo acudimos con fervor a la plaza de la Iglesia para ver al Nazareno y la Virgen de los Dolores  que salen en procesión; sus hermanos portadores los llevan con devoción. Empieza su recorrido por la calle Cantarranas, doblan a la derecha y suben la calle Málaga, hay gente por todos lados, unos le cantan saetas, otros le lanzan piropos, otros le piden y le claman, así van despacito hasta llegar a la plaza. Allí es todo clamor, pues por fin está pasando el hijo de Dios, aquel hombre que lo dio todo por nosotros, cargando con su cruz lleva en su cara reflejada sufrimiento, resignación y amor. Lo va siguiendo su madre la Virgen de los Dolores, y cuando la ven pasar todos se quedan mirando esa cara dolorosa y que a la vez es tan hermosa.
 
Suben por la calle Álamos donde cada vez son más las personas que están esperando. Para nosotros es como si Nuestro Padre Jesús subiera el Monte Calvario, y que no daríamos nosotros para poder ayudarlo. Detrás viene su madre, siguiéndolo  paso a paso. De ahí a la calle del Chorrillo, donde lo espera Josefa la Blanco con su sajumerio y este año no tenemos a Margara que en paz descanse pero seguro que desde el cielo le seguirá diciendo Viva a Nuestro Padre Jesús y el resto de vecinos, que desde sus puertas y balcones, echan flores a su paso.
 
Llega a  la calle El Mesón, donde son numerosos los vecinos que esperan con impaciencia y fervor pues ya se acerca la hora en la que Jesús nos da su bendición. Cuando llegan a la plaza todo el pueblo y forasteros están a su alrededor, todos tenemos un nudo, sentimiento y emoción, unos aguantan las lágrimas, pero otros no.
 Es un momento solemne, cuando Nuestro Padre Jesús nos da su bendición, yo creo que en esos momentos todos le pedimos algo y arrancamos con vivas y aplausos.
 
  ¡ES TODO UN LUJAZO!
 
La música le están tocando y todos sus portadores los levantan a pulso y empiezan a pasearlos haciendo el encuentro de la madre y el hijo que para nosotros es tan esperado, pero a la vez estamos asustados pues creemos que van a chocar los cabezales de tronos, porque están casi pegados, pero no pasa nada, para eso están sus mayordomos, para tocar la campana y así termina el encuentro entre esa madre y su hijo, que es todo amor  para todos nosotros.
 
Empieza  a andar de nuevo, van camino de su casa y reanudamos nuestra procesión hasta llegar a la plaza de nuestra iglesia para verlos encerrarlos.
 
Al son de la música empezamos a aplaudir y le volvemos a pedir, yo creo que la misma cosa en nuestras mentes y en nuestro corazón, le pedimos salud para verlos muchos años.
 Y así entramos en la iglesia y no los quieren bajar, incluso algunos dicen que los volverían a sacar y yo pienso en esos momentos que es tanto el amor que sienten que esperan con ansiedad que llegue el próximo Jueves Santo para volverlos a sacar.
       
Al día siguiente, Viernes Santo es el día de los verdes, en el que sale el Santísimo Cristo de la Vera Cruz y Nuestra Señora de la Soledad, y pienso que el mismo sentimiento que yo tengo hacia mi hermandad, tendrán ellos en el viernes santo, su gran día de semana santa.  
 
Y terminamos la Semana Santa en Domingo con la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Lo hacemos todo lo mejor posible ya que es el único día en que se unen los dos colores, los verdes y los moraos.
     
Y termino mi pregón, espero que os haya gustado, no se si ha sido bueno o malo, pero lo que es verdad es que lo he hecho con todo el corazón y amor que siento por Nuestro Padre Jesús y la Virgen de los Dolores, por la hermandad de los moraos y por todo el pueblo de Alhaurín de la Torre.
 
¡¡¡VIVA NUESTRO PADRE JESÚS Y VIVA LA VIRGEN DE LOS DOLORES!!!
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